A sólo cinco semanas de unas eventuales elecciones todo indica por ahora que Honduras se convierte en un conflicto político sin solución. Honduras ilustra, por lo demás, el acecho constante al poder por derechas antidemocráticas que sobrevivieron el fin de la guerra fría en los márgenes del atraso político y en los cuarteles. El diálogo no parece por ahora haber tenido efecto en la mentalidad autoritaria de Roberto Micheletti ni en el respaldo del general Vázquez.
Todo esto sucede en una etapa crítica de post-crisis económica global en que las coordinaciones internacionales resultan clave para la recuperación y cuando el presidente Obama ha iniciado un giro en la política hacia Cuba – como lo ilustra su conversación con J.L.R. Zapatero, presidente del gobierno español.
El insólito impasse hondureño hace cada día más evidente la pretensión de Roberto Micheletti de ser guardián de unas eventuales elecciones y sus resultados. Pretensión que cuenta con el respaldo del ejército y con la cual se propone, ‘lavar’ su usurpación de la presidencia. Un ‘respaldo’ del general Romeo Vázquez que probablemente le permite hasta acá desestimar llamados y gestiones de la OEA, cuyas resoluciones cuentan esta vez con la aprobación de Estados Unidos. En ese contexto y desde la asediada embajada de Brasil, el presidente Manuel Zelaya sostiene, optimista, que la presidencia le será pronto restituida para evitar a Honduras un atribulado destino en manos de golpistas. Rechaza el presidente el escenario fácil propuesto por Micheletti de una tercera persona para la presidencia para el período restante. Lo que nos recuerda que en el drama hondureño que ya ha costado vidas de opositores y que ha dejado numerosas personas maltratadas y heridas, está en juego la dignidad de presidentes elegidos en elecciones democráticas. Un asunto mayor en la historia ya bicentenaria de América Latina.
Tras la decisión del Centro Carter de no enviar observadores a las elecciones si la presidencia no es restituida a tiempo y tras similar decisión de la OEA, las elecciones serán la próxima víctima del golpe – por lo menos la legitimidad de estas. Si bien no es el tipo de asunto que ocupe a Micheletti, es sin embargo un punto importante porque no cualquier elección es una elección legítima y no cualquier presidente es legítimo como lo ilustra el mismo Micheletti. Por lo menos dos candidatos han anunciado que no participarán en éstas de continuar Micheletti: César Ham (de Unificación Democrática) y el sindicalista Carlos Reyes (Independiente). Y si bien el derechista Porfirio Lobos y el liberal Elvin Santos pretenden por ahora en lo posible ignorar el problema que significa para ellos la permanencia de Micheletti, al parecer tampoco han inscrito sus candidaturas – tal vez para impedir quemarlas.
Así, a casi cuatro meses del golpe, Honduras se convierte en un dilema para la política de Estados Unidos y para el presidente Obama en un continente que – con excepción de Cuba y ahora Honduras – se ha decidido por distintos tipos de democracias representativas en las que los presidentes son elegidos por la ciudadanía y no por los generales por medio de golpes de Estado. Las acciones de congresistas de derecha del partido republicano que han hecho suyo el golpe de Estado aparecen como un extraño intento de interferencia en la política exterior de Estados Unido. Por lo visto, habrá que estar atento a la existencia de varias políticas norteamericanas hacia América Latina con distintos grado de formalidad según su origen político e institucional. Por lo pronto, tras no obtener resultados esperados del diálogo y en vista del continuo asedio y la utilización de técnicas electrónicas de maltrato a las personas que están en la embajada de Brasil por parte de Micheletti - es hora de generar mejoramientos en todo los ámbitos de los DDHH en Honduras.
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